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Versículo del Día
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El aborto
En este sentido, el libertinaje en el campo de los sentidos, del "sentirse bien" sin importar el cómo ni sus consecuencias, es casi una forma de vida entre la juventud de hoy en día.
El problema es que vivir esa vida alegre o "vida loca" como lo definiría una canción hace algunos años, en la que se alentaba a la juventud a hacer prácticamente lo que quisiera, inevitablemente trae consecuencias dañinas para el joven. Muchas veces, bajo el influjo del alcohol o de cualquier enervante, o incluso sin estar necesariamente intoxicada, la gente hace cosas sin importarle las consecuencias. Así se puede caer en vicios, contraer enfermedades de diversos tipos, o terminar con embarazos no deseados. Ante esta última posible consecuencia, muchos jóvenes piensan que siempre existe una salida: el aborto. Pero, ¿qué dice la Biblia al respecto?
Lo que la Biblia dice acerca del aborto (actualización al 23 de octubre de 2009) No es fácil hablar de este tema, y menos responder a preguntas como las que se han planteado en este blog; sobre todo a aquellas que se relacionan con los casos específicos en donde existen accidentes que conducen a abortos involuntarios, o a abortos espontáneos, o a la disyuntiva que se genera tras una violación que deriva en la concepción. Aunque el objetivo de esta discusión no es ampliar esta diversidad de casos, sino enfocarnos a tratar de concientizar a la juventud, a no ver el aborto como la salida fácil ante una vida libertina en el ámbito sexual, no dejaremos de abordar esta diversidad de situaciones. Primeramente, abordaremos el tema del aborto como opción ante la concepción involuntaria tras un encuentro de placer entre dos personas de sexos opuestos. En este caso, es tan común que al dejarse llevar por el momento, la gente –en su mayoría jóvenes- no toma las precauciones del caso (y a veces aún tomándolas), y se genera la concepción. ¿Qué hacer ante esta situación? La mujer, y en ocasiones el hombre, dice o piensa: “Pero si yo no había pensado en esto. Solo quería divertirme. No estoy lista(o) para ser madre (padre)”. Y ¿cuál es entonces la salida fácil? El aborto. En algunas ciudades, estados, provincias o países se ha legalizado el aborto (siempre y cuando se practique antes de una determinada semana de gestación), pues se alega la libertad que debe tener la mujer para decidir sobre su propio cuerpo. No es el objetivo de este artículo discutir si esas leyes tienen o no razón. El punto es que antes de tener una relación sexual que puede derivar en una concepción, las personas participantes deberían pensar mejor que existen riesgos de que esa unión termine en un embarazo no deseado. En esos casos es totalmente aplicable el pasaje bíblico de Éxodo 23:26 que dice: “No habrá mujer que aborte, ni estéril en tu tierra; y yo completaré el número de tus días.” A los ojos de Dios, lo natural después de la concepción es el nacimiento y una vida que llegue a su término en los tiempos de Dios y no en los del hombre. Si esto es así, y por un ‘descuido’, el hombre o la mujer deciden unilateralmente dar terminación a la vida de ese ser humano, estarían violentando lo natural de la creación y de la voluntad de Dios para el hombre. A eso la Biblia le llama pecado. Es por eso que la Biblia está llena de advertencias -a los jóvenes particularmente- para que las personas no se dejen llevar por las “pasiones juveniles”, pues Dios sabe que el joven tiende a ser por naturaleza, arrebatado y pasional. Por ejemplo, en la 2ª carta de Pablo a Timoteo, el apóstol le dice a su discípulo: “Huye también de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón limpio invocan al Señor.” No se vale entonces decir: “Es que se dieron las cosas”. Como si se tratara de hierba salvaje que crece sin haber sido sembrada. Por otro lado, la Biblia contempla los casos de aborto por accidente, como el referido en Éxodo 21:22: “Si algunos riñeren, e hirieren a mujer embarazada, y ésta abortare, pero sin haber muerte (de la mujer embarazada), serán penados conforme a lo que les impusiere el marido de la mujer y juzgaren los jueces.” Si leemos con atención, el accidente que pudiera provocar un aborto no es imputable a la mujer, sino a los agresores o involucrados en las causas del accidente. Accidentes hay de muchas clases, puede ser algo como lo referido en el pasaje anterior (una riña), o bien algo causado por otros motivos (accidente vehicular, una caída, un golpe o empujón involuntario, etc.). Se sabe por ejemplo que en las grandes ciudades, en donde las concentraciones de plomo en el medio ambiente y de otros contaminantes son altas, los abortos espontáneos son bastante comunes, pues a causa de todos esos elementos que la mujer embarazada respira, se provoca el desprendimiento del producto, provocando así un aborto involuntario http://www.cepis.org.pe/bvsacd/eco/036993-I/036993-3.4.pdf . Este caso de abortos accidentales contempla también la muerte del producto estando aún dentro del vientre de su madre, tras lo cual es necesario hacer un legrado. Es un accidente, y así hay que entenderlo. ¿Cuál es la causa en todos estos casos? Sería muy aventurado afirmar saber lo que hay en el corazón y en la mente de Dios para cada caso en particular. Lo que debemos entender es que Dios es soberano y Él sabe porqué permite que aún las tragedias ocurran. No es objeto de este artículo analizar dichas situaciones, pero si una tragedia como ésta ocurre, habrá que entrar en un proceso de restauración y sanidad, de parte de Dios, desde luego con un apoyo pastoral adecuado. En el caso de la violación que termina en concepción, evidentemente no se puede, por ningún motivo, atribuirle a la mujer la causa de la agresión. Al haber ocurrido la unión fuera de la voluntad de la mujer, se podría incluso considerar como un accidente (tipificado como agresión, ataque, violencia, etc.), y se podría aplicar el considerando del párrafo anterior. (Claro, eso es desde mi personal punto de vista, ya que la Biblia como tal, no toca el punto de la validez o penalización de un aborto tras una violación.) Finalmente, se deben considerar algunos principios bíblicos que tienen que ver con bendiciones y maldiciones referentes al asunto de la procreación. Cuando el pueblo de Dios se alejó de Él, por medio de sus profetas Dios mismo advirtió a su pueblo que de seguir en sus malos caminos, vendrían maldiciones a sus vidas, particularmente en lo relacionado a la multiplicación: Oseas 9:14: “Dales, oh Jehová, lo que les has de dar; dales matriz que aborte, y pechos enjutos.” Si tú o tu pareja han acordado en el pasado abortar tras un ‘descuido’ después de un momento de pasión desenfrenada fuera del matrimonio, o incluso dentro de la relación conyugal, mi consejo es que le pidan perdón a Dios, pues terminaron voluntariamente con la vida de un ser humano. Si tú o tu pareja han tenido abortos involuntarios, sin ninguna causa aparente desde el punto de vista médico, bien valdría la pena pedirle a Dios que quite toda maldición de ‘matriz que aborte’ (Oseas 9:14) de sus vidas y desde luego arrepentirse delante de Dios de cualquier cosa que Dios revele por medio de su Espíritu Santo que pudiera haber traído este tipo de maldición sobre sus vidas. En ese caso recomendaría que se leyera el libro de Oseas y se pida consejería pastoral. En el caso de una violación que termine en concepción, creo que la mujer debe pensar muy bien lo que va a hacer, pues la decisión que tome es definitiva y no hay ‘vuelta atrás’. Como en cualquier accidente en donde hay un trauma (heridas físicas), tras una violación la mujer debe ser atendida de inmediato en una institución de salud seria en donde se solicite información sobre las medidas legales y médicas adecuadas que eviten el desarrollo de un posible producto de la violación, ya que estaríamos en el supuesto de una causa accidental ajena a la voluntad de la mujer involucrada. Finalmente, y volviendo al tema que nos ocupa, es interés de esta discusión y de este artículo, invitar a la juventud a cuidar sus pasos. En momentos de arrebato –en los que generalmente no se usa mucho la razón- es cuando se pueden cometer los errores más grandes que impactarán el resto de la vida. Por eso dice la Biblia: “¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu Palabra.” Salmo 119:9. También dice la Biblia en Eclesiastés 3, que hay tiempo para todo. Muchos jóvenes y señoritas se preocupan de no poder darle a su pareja una satisfacción sexual placentera al casarse y por eso deciden experimentar previamente con otras personas durante la juventud (realmente creo que más bien es una excusa para divertirse en vez de ser una preocupación fidedigna). La Biblia sin embargo advierte a los jóvenes a casarse con personas vírgenes que no han tenido relaciones sexuales previamente. Levítico 21:14 dice: “No tomará viuda, ni repudiada, ni infame ni ramera, sino tomará de su pueblo una virgen por mujer…” Y esto aplica tanto para las mujeres como para los hombres. Si tú quieres una mujer o un hombre virgen para casarte con ella o con él, lo más correcto es que tú también te mantengas virgen hasta el matrimonio. En una ocasión leí acerca del caso de una jovencita que era presionada continuamente por sus compañeras de escuela para tener relaciones sexuales y así ‘perder la virginidad’. Llegó a ser tal la presión que la joven decidió pedir consejo a sus pastores. Su pastor le aconsejó de la siguiente manera: “La próxima vez que tus amigas te vuelvan a presionar para que pierdas tu virginidad, diles que el día que tú quieras puedes ser como ellas, pero que ellas ya no podrán volver a ser como tú.” Termino diciendo que si tú has tenido relaciones previas al matrimonio, o has incluso abortado en plena conciencia de lo que estabas haciendo tras un aparente descuido, pídele a Dios que te perdone y te restaure. Él lo puede hacer. En Eclesiastés 3:15 dice que Dios restaura lo que pasó: “Aquello que fue, ya es; y lo que ha de ser, fue ya; y Dios restaura lo que pasó.” Dios te quiere perdonar y restaurar, hacer una nueva criatura. No sigas viviendo con culpa. Dios ve el corazón arrepentido y no lo desprecia. Que Dios te bendiga. David Monzalvo Pastor de Jóvenes
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Blog de Jóvenes
La Inseguridad
En las escuelas, oficinas, talleres, y medios de transporte la gente comenta sobre la inseguridad que se vive en las calles.
La inseguridad ha hecho presa a las ciudades, plazas, parques, lugares públicos de todo tipo, colonias, vecindades, unidades habitacionales, primarias, secundarias, prepas, bachileres, conaleps, universidades, etc.
Resulta que salir con dinero de un cajero, de un banco o de una casa de cambio representa un riesgo no solo de que asalten a la persona sino ahora también de que atenten contra su vida.
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La juventud contemporánea trata desesperadamente de ajustarse a los constantes cambios de nuestra sociedad. Los adolescentes y jóvenes que la componen, sin importar su clase y condición social, e incluso a veces sin importar la fe que profesen, se adaptan a lo que la mayoría piensa y hace.
La inseguridad es un tema de gran preocupación en la actualidad. Todos los noticieros y medios de comunicación hablan del tema.